Un hecho traumático es un suceso negativo, estresante y amenazador que sobrepasa los mecanismos de afrontamiento de las personas y cuyas consecuencias pueden afectar a la integridad física o psicológica. La intensidad del acontecimiento, unido a la incapacidad de gestionarlo y dar una respuesta adaptativa a lo sucedido, nos lleva a sentir un miedo intenso, una sensación de amenaza, sentimientos de pérdida de control y de indefensión. Como consecuencia, las emociones nos desbordan y las vivencias traumáticas no se integran en nuestro “yo,” sino que permanecen activas, usualmente a nivel inconsciente, manifestándose a través de problemas psicosomáticos, preocupaciones y/o comportamientos disfuncionales.

Debido a la intensidad del acontecimiento y la falta de recursos para afrontarlo, nuestro sistema se bloquea y no es capaz de integrar los recuerdos de forma natural, sino que estos se quedan grabados, en el mismo formato en que fueron experimentados, de forma fragmentada en las redes neurales. Entonces ya no podemos distinguir el pasado del presente, y las horribles imágenes, sentimientos y sensaciones se repiten una y otra vez como si estuviesen siendo experimentadas en la actualidad. Cualquier disparador en el presente tendrá el poder de desencadenar las mismas experiencias que fueron vividas en el pasado y que ahora se vuelven a experimentar tal y como si volviesen a estar sucediendo. El pasado no se ha superado y sigue molestándonos en el presente.

Tipos de Traumas

Se pueden distinguir dos tipos de traumas:

  • Incidente traumático “puntual” de gran magnitud (conocidos como “T”).
  • Incidente traumático “acumulativo” de magnitud menor (conocidos como “t”).

Los primeros (T) hacen referencia a acontecimientos terribles que son vividos de manera puntual y que amenazan contra la vida o la integridad física y/o mental de la propia persona o la de los demás.

Los segundos (t), aunque no son tan intensos ni tengan el sentido de amenaza contra la vida o la integridad, son acumulativos y se viven de forma reiterada en el tiempo, llegando a ser incluso más incapacitantes que los primeros.

Los traumas con “T” son ocasionados por sucesos con las siguientes características:

  • Son acontecimientos imprevistos y repentinos.
  • Son acontecimientos no habituales de la vida cotidiana.
  • Producen una sensación de muerte inminente.
  • Amenazan la integridad física y mental.
  • Provocan sensación de miedo e indefensión.
  • Poseen una magnitud e intensidad que hace que la persona no pueda dar respuesta ni defenderse ante tal suceso.
  • Producen pérdida del sentimiento de seguridad, de la confianza básica y de la integridad.
  • No se le puede otorgar un sentido, elaborarlo, ni se integran en la historia biográfica y narrativa de la persona.

A su vez, los acontecimientos de gran magnitud “T” que ocasionan traumas pueden clasificarse en:

  • Naturales: terremotos, inundaciones, etc.
  • Accidentales: incendios, accidente de coche, de avión, choques, etc.
  • Intencionales: agresiones sexuales, atentados terroristas, actos de torturas, guerras, violencia familiar, acoso laboral o escolar, etc.

En cambio, los incidentes traumáticos de menor magnitud “t” no son tan intensos ni provocan sensaciones de muerte inminente o de gran peligro, de amenaza contra la vida o la integridad, sino que son hechos más comunes y habituales de la vida cotidiana que producen sensaciones de vergüenza, miedo, humillación, pérdida o fracaso. Estos sucesos, aunque son menos graves que los primeros, al vivirse de forma reiterada en el tiempo pueden llegar a ser incluso más dañinos y pueden provocar un gran número de problemas psicológicos.

Puesto que son hechos que acontecen durante el desarrollo de la persona, van a marcar su modo de pensar, sentir y actuar, afectando al sentido del yo, del mundo y de los demás. Por ello, la persona se puede volver insegura, tímida, con baja autoestima, con sentimientos de fracaso o de desesperanza, etc., llegando incluso a tener como resultado una no-integración del “yo” y aumentar la probabilidad de desarrollar diversos trastornos disociativos, de la personalidad y/o somatomorfos.

 

Consecuencias de los traumas

Para valorar las consecuencias que podemos sufrir ante un trauma, tenemos que tener en cuenta la intensidad del suceso, su duración y la repetición del mismo, así como las características previas de la persona y el momento del ciclo vital en el que el acontecimiento fue vivido. Teniendo en cuenta la complejidad de la interacción de todos estos factores, los síntomas que pueden aparecer tras vivir los acontecimientos traumáticos pueden ser muy variados, siendo los más frecuentes:

  • Recuerdos intrusivos (imágenes, olores, sonidos, sensaciones corporales…) que aparecen sin que la persona logre dominarlos.
  • Trastornos del sueño (insomnio o pesadillas relacionados con la experiencia traumática vivida).
  • Fobias y evitación a todo lo que tenga relación con el incidente traumático.
  • Comportamientos obsesivos-compulsivos relacionados con el trauma.
  • Desregulación emocional.
  • Estrés, ansiedad e irritabilidad.
  • Llanto incontrolable.
  • Sentimientos de culpa, miedo, angustia, rabia y odio.
  • Sensación de impotencia e ineficacia.
  • Sensación de desamparo, amenaza y de fragilidad.
  • Desconfianza ante los demás.
  • Sentimiento de inferioridad e inseguridad.
  • Apatía y desmotivación.
  • Disminución del placer y de las actividades que antes resultaban placenteras.
  • Visión negativa del mundo y del futuro.
  • Depresión y/o baja autoestima.
  • Sensación de desrealización y/o despersonalización.
  • Sentir que el “yo” se encuentra dividido en diferentes partes de la personalidad.
  • Amnesia de eventos traumáticos pertenecientes a diferentes momentos de su vida.
  • Síntomas somáticos que no son explicados por causas médicas.
  • Refugiarse en las drogas, caer en ludopatías, trabajar en exceso.
  • Desregulación alimenticia (ingesta compulsiva, atracones, anorexia…).
  • Comportamientos autolesivos.
  • Ideas de suicidio.

¿Cómo dar solución a los traumas?

El EMDR es probablemente la técnica de referencia en la psicotraumatología y junto a este abordaje han ido apareciendo otros sistemas terapéuticos, que combinados entre sí, aumentan su efectividad, consiguiendo excelentes resultados sobre el trauma:

Los problemas traumáticos que trabajo son:

  • Traumas: agresividad, malos tratos, humillaciones, burlas, violencia, (doméstica, de género, intrafamiliar…) agresiones sexuales, violaciones, accidentes, enfermedades, intervenciones quirúrgicas, acoso (sexual, laboral, escolar…) torturas, terrorismo, catástrofes…
  • Problemas de la infancia: negligencia, abandono y desamparo, problemas de conducta, problemas de la eliminación de excrementos, miedos (a la oscuridad, a estar solo…), traumas infantiles…
  • Problemas disociativos y de personalidad…
  • Duelos, pérdida de un ser querido, rupturas de pareja, celos…
  • Autolesiones, suicidio…
  • Problemas emocionales: Depresión, tristeza desmedida, euforia descontrolada, inapetencia y falta de motivación, falta de deseo de vivir, falta de apetito o apetito descontrolado, pensamientos negativos…
  • Ansiedad, nerviosismo, preocupaciones, problemas de relaciones sociales, fobias y miedos (a los insectos, a las alturas, a espacios cerrados, a conducir, a subir en avión, a exposiciones en público, a salir de casa…), pánico, obsesiones, compulsiones, flashbacks…
  • Insomnio, pesadillas, terrores nocturnos…
  • Dolor crónico, hipocondría, somatizaciones…
  • Adicciones a sustancias, al juego patológico, adicciones sexuales, a determinadas conductas…
  • Problemas de identidad y orientación sexual, hipersexualidad, impotencia, eyaculación precoz, celos, falta de deseo sexual, aversión sexual, falta de orgasmo, dolor al realizar el acto sexual…
  • Problemas de alimentación…
  • Y un largo etcétera…